Proyección de "4F: ni olvido ni perdón"

Durante los últimos días hemos tenido ocasión de asistir en Madrid a varias sesiones de presentación del documental “4F: Ni olvido ni perdón” El pasado lunes 16 de diciembre en el CSOA La Morada asistimos a una de estas presentaciones a cargo de su realizador, Xapo Ortega, quien amablemente y a pesar del frío y la hora tardía se ofreció al finalizar el documental a contestar cuantas preguntas tuvieron los asistentes a la proyección. Previamente a esta sesión, el documental se había podido ver en otros centros sociales madrileños, como el EKO de Carabanchel o La Quimera, en Lavapiés , y acababa el día 18 con la proyección y posterior debate en la librería asociativa Traficantes de Sueños

La obra ofrece muchísima información, principalmente a través de entrevistas a dos de las personas que fueron acusadas y condenadas por el caso de los hechos del 4 de febrero de 2006 y a personas de su entorno o relacionadas con la investigación y el periodismo. Con toda esta información consigue desarmar el montaje policial, avalado desde la esfera política y judicial, que llevó a los jóvenes Rodrigo Lanza, Juan Pintos, Álex Cisternas y Patricia Heras a la cárcel. Un quinto acusado, Alfredo Pestana, sería indultado poco antes de su entrada en prisión. Patricia se suicidaría posteriormente, el 26 de abril de 2011, una vez obtenido el tercer grado.

La historia empezó aquel fatídico 4 de febrero, cuando unos policías se enfrentaron a un grupo de asistentes que había en la puerta de un edificio okupado de la calle Sant Pere més Baix en el que se celebraba una fiesta con más de 1000 participantes. Los agentes cargaron contra los jóvenes en la calle y empezaron a lloverles objetos lanzados desde los balcones y el tejado del edificio. Un agente –ninguno llevaba casco- cayó abatido por el impacto de uno de estos objetos, una maceta (según testimonios presenciales, y según relataría el propio alcalde de Barcelona de entonces, Joan Clos, tras visitar al agente herido, que quedó en coma). Días más tarde, la versión oficial cambia y los agentes empiezan a hablar de una piedra lanzada desde la misma calle. Y, aunque en el juicio los peritos de la defensa demostrarían que una piedra lanzada desde la calle no era una explicación plausible, tampoco eso se tendría en cuenta y los detenidos esa noche serían condenados a penas de hasta cinco años de cárcel. No se pudieron recoger pruebas de la calle ya que los servicios de limpieza se ocuparon de limpiar los restos cuando se fue la policía. Dos de los detenidos ni siquiera llegaron a estar en el lugar de los hechos sino que serían detenidos en el Hospital del Mar al que llegaron después de sufrir una caída en bicicleta.

Las imágenes del documental nos permiten acercarnos a una historia turbia de torturas en comisarías al grito de “sudacas de mierda” (racismo nada disimulado), de una jueza de instrucción que deniega pruebas a la defensa, de ausente presunción de inocencia, de palizas, cambios de última hora en las versiones oficiales, testigos que nunca serían llamados a declarar, una chica lúcida y sensible que se va rompiendo poco a poco, la batalla del entorno de los jóvenes por demostrar su inocencia, por sacarles de la cárcel, por pagar sus abogados… y la violación de la integridad física y psíquica, la pérdida de libertad, un suicidio como única salida visible.

Como denuncian en el video los condenados, no se trata solamente de un montaje policial, de que unos cuantos policías mintieran en el juicio, aunque de eso también hubo. Dos de los testigos clave de la acusación, dos agentes presentes esa noche llamados Víctor Bayona y Bakari Samyang, fueron condenados y apartados del cuerpo años después, tras demostrarse en el caso de Yuri Jardine que habían torturado al joven en la comisaría y que habían falseado pruebas para incriminarle en un delito con el que encubrir esos malos tratos. Torturas y falso testimonio, lo mismo que les atribuían tres de los jóvenes detenidos aquel 4 de febrero, y que la jueza de instrucción frente a la que declararon, Carmen García Martínez, se negó a investigar.

Montaje policial avalado por el poder político y el judicial, decíamos antes. Cargos políticos que dieron órdenes, que se desdijeron y que cambiaron las versiones oficiales de los hechos para no asumir la responsabilidad subsidiaria que hubiera tenido el Ayuntamiento (propietario del edificio okupado desde el que se habría arrojado la maceta) sobre el policía herido en caso de que no hubieran encontrado responsables de su situación. Sistema judicial profundamente conservador que no respetó el principio de presunción de inocencia y que se escudó en la supuesta honorabilidad de un cuerpo policial y unos agentes que más tarde se revelarían torturadores, para otorgarles una credibilidad por encima de la que podían tener unos jóvenes con una estética a sus ojos demasiado alternativa.

A través del documental vemos cómo ni siquiera los médicos fueron capaces de plantarse ante la policía torturadora cuando llevó al hospital a los jóvenes heridos por brutales palizas, cómo ni siquiera ellos les miraban a los ojos, quizá acostumbrados a los desmanes de una policía con la porra demasiado suelta o quizá condenándoles ellos también desde el principio por su aspecto unido a los comentarios policiales. También gracias a una voz en off que nos acompaña en distintos momentos del video leyendo emotiva fragmentos del diario de Patricia, nos acercamos a su sensibilidad y lucidez. La experiencia de la cárcel la afectaría tanto como para hacerla elegir la muerte como vía de escape antes que volver a dormir en una celda aquel martes de finales de abril de 2011.

Rodrigo, el acusado que más tiempo pasó en prisión, salió de la cárcel el 28 de diciembre de 2012, una vez completada la pena. Juan y Álex ya no viven en España. Patricia ya no está aquí. ¿Cerramos el capítulo sin más, olvidamos lo sucedido, perdonamos la terrible injusticia cometida con todos ellos?

No. Ni olvido ni perdón. Porque si son inocentes, si fueron víctimas de un montaje a todos los niveles, todavía hoy se hace necesario reivindicar su inocencia, y hay quienes están dispuestos a llegar hasta el Tribunal de Estrasburgo si es necesario. Para que no nos acostemos con la certeza de que las mentiras de la policía, las torturas en comisaría, las detenciones arbitrarias… son cosas que pasan. Porque no deberían pasar. Aunque sea verdad que, como dice Rodrigo en el documental, “la Justicia no está en los juzgados”.

Y mientras, nos queda difundir la verdadera historia de lo que pasó la noche del 4F. Para ello tenemos este documental, “4F: ni olvido ni perdón”, una valiosa herramienta con la que dar voz a quienes se la negó la (in)Justicia.

- Reseña del documental de Marta Plaza. Enlace a la reseña www.periodismodigno.org/documental-4f-ni-olvido-ni-perdon...